El Terminador 0080

El Terminador 0080

El Alma de Hoy – El Espíritu como Signo de los Tiempos

La humanidad está pasando por una fase difícil en su desarrollo, y el riesgo potencial de sumirse en estados más profundos de materialismo y automatismo es preocupante.

Ambos estados suelen cooperar entre sí, ya que cuanto más profundamente nos integramos en las fuerzas materiales, mayores son las influencias que pueden hacernos actuar sin pensamiento o intención conscientes.

También se puede decir que en la época actual hay determinadas fuerzas, o agentes, que impulsan hacia una mayor inmersión en el materialismo con el fin de paralizar o impedir el desarrollo espiritual de la humanidad.

En este sentido, incluso la noción de cualquier cosa «espiritual» ha llegado a ser ridiculizada, diluida en el comercialismo, o secuestrada en formas pseudo-espirituales (como los retiros corporativos y el guruismo online).

Es importante que ahora echemos una ojeada crítica al estado de la sociedad humana y a la naturaleza de nuestro tiempo. No se trata de tanto de criticar como de llamar la atención, de ser conscientes de sus aspectos, como si se tratara de iluminarlos.

Es necesario mirar más allá del «escenario de los asuntos externos».

Para las personas atrapadas dentro de la civilización externa del momento, con sus impactos, distracciones y estímulos, es difícil reconocer la existencia del conocimiento y la comprensión perceptiva que se encuentran más allá de los sentidos condicionados.

¿Play o Game? Juego y videojuegos

Un interrogante guía esta presentación: ¿Es posible un jugar, en el sentido en que lo plantea Winnicott, en los contextos digitales? ¿Podemos concebir las pantallas como espacios transicionales[1], o por el contrario, la hipertextualidad de estos juegos coarta la imaginación y la fantasía, limitando el jugar mismo? ¿Es Play o es Game?. Es decir, este hacer digital de niños y adolescentes ¿es juego?

Pero, ¿qué es jugar? Podemos definirlo como un hacer creativo, en el espacio y tiempo del como si. Un jugar que tiene como función la transformación de la realidad y la transformación del niño mismo ya que es jugando que el niño deviene niño. Sabemos que el juego es también productor de subjetividad. En el juego los seres humanos realizamos nuestra función simbólica y constituye una aspecto fundamental de todo proceso de subjetivación. ¿Podríamos decir entonces que esta nueva modalidad virtual de juego tiene implicaciones psíquicas diferentes de aquellas otras que conocemos en el juego simbólico?

El jugar de los niños y los adolescentes de hoy se despliega en una pantalla y podemos ver cómo los videojuegos aparecen hoy como la posibilidad de entrar en nuevos mundos, vivir experiencias extremas en ese “más allá” que es la pantalla y encarnar múltiples roles en universos diferentes. Las interacciones con otros jugadores, la pertenencia a una comunidad virtual, las cualidades de los personajes elegidos, las acciones llevadas a cabo, la trama de la historia podemos entenderlos como elementos constitutivos de un jugar que crea una experiencia singular.

En la virtualidad de la pantalla y en interacción con otros, los niños y los adolescentes de hoy van desplegando su fantasmática. Una pantalla, que al modo de un espacio transicional, se ofrece como una superficie sobre la cual poder proyectar contenidos que dan cuenta de conflictos y fantasías  que pueden ser puestos en juego y por ende, abrir caminos a la elaboración psíquica.

¿Es el inconsciente un desecho del cerebro?

Al hablar sobre este último tema de las Jornadas me preguntaron qué interés podría tener para un psicoanalista indagar sobre los avances de las Neurociencias y sobre el diálogo o confrontación entre el Psicoanálisis y las Neurociencias. Me parecióla mejor manera de orientar mis comentarios al texto y a las preguntas que nos ofrecía G. Baurand.

El diálogo del Psicoanálisis con las Neurociencias es un movimiento amplio que nos excede aquí en estos comentarios, pues ahí están los trabajos de Ansermet y Magistretti, Pommier, Naccache, Damasio, E. Kandel citados en el trabajo que nos convocaba, sí como los de R.Pally y otros. Algunos de los autores hablan de simetrías, de convergencias, incluso de demostrabilidad de las descripciones psicoanalíticas por parte de investigaciones neurobiológicas actuales; otros de la pregunta por la cualidad de un inconsciente neurológico y la necesidad de un encuentro dada la imposibilidad de conformar una ciencia que alcance a describir como un todo el pensamiento humano. Seguramente la influencia de las teorías de incompletitud de Göedel y de indeterminación de Heisenberg han ido afectando tanto a las ciencias originales de las que surgieron, la Matemática y la Física como a las ciencias humanas que suscriben la metodología.

El siglo XX ha mostrado que la ciencia, en general, no es capaz de definir un todo universal en sentido que todo sistema racional de conocimientos es esencialmente incompleto y sólo los menos punteros o los ideólogos menos capaces defienden que lo que se diga en nombre de la ciencia y sus estudios canónicos es por sí verdadero. Los avances de las Neurociencias nos muestran los lindes de descubrimientos parciales que se pueden inscribir en sistemas de pensamiento más generales, sean éstos de un tipo, digamos reeducativo o adaptativo, o lo sean en un sistema de descripción de los fenómenos psíquicos que toma su referencia en los fenómenos inconscientes como el Psicoanálisis.

El sujeto a la intemperie

En este texto hemos de recorrer diferentes itinerarios que confluyen en la noción de desamparo. Caminos inevitablemente intrincados en tanto las nociones con las que habremos de operar surgen de un marco conceptual rizomático: energía, dependencia, inconsciente, descentramiento, división del sujeto, exceso de estímulo, hasta llegar a la figura del duende lorquiano. Se ha optado por seguir fundamentalmente un camino freudiano aunque se haga referencia a Lacan, volviendo a los estados nacientes de uno y otro cuerpo teórico, en tanto el desamparo psíquico pertenece al momento naciente del psiquismo.

La idea que tutela nuestro recorrido será como ese ‘estar a la intemperie’ forma parte de la condición del sujeto en su sentido amplio, fortalecido por lo que podríamos llamar su denominación de origen, el sujeto de lo inconsciente.

Sujeto e intemperie, son dos palabras, dos significantes que reúnen el descubrimiento freudiano de lo inconsciente y la noción lacaniana de sujeto (1), que es ‘el que está debajo’, el que está sujetado, no solo como en el caso del neurótico, que está impedido, retenido por alguna inhibición, sino sujetado a lo inconsciente. Tanto si habla con la locuacidad de la histeria o si calla en el silencio doblado de la melancolía, está a la intemperie. Intemperie es la metáfora que hemos elegido para hablar del desamparo psíquico. Para atravesar la alianza entre la angustia ante un peligro real y la angustia pulsional, llamada por Freud, angustia neurótica.

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