
El movimiento Fluxus fue una corriente artística internacional surgida a comienzos de los años sesenta que buscó romper las fronteras tradicionales entre arte y vida cotidiana. Más que un estilo cerrado, fue una actitud: una forma de entender el arte como acción, juego, proceso, participación y experiencia. Su nombre procede de la idea de “flujo”, algo en movimiento constante, cambiante y abierto.
Fluxus reunió a artistas, músicos, poetas y performers como George Maciunas, Yoko Ono, Nam June Paik, Alison Knowles, George Brecht, Dick Higgins o Mieko Shiomi, entre otros. Muchos de ellos estaban influidos por el dadaísmo, Marcel Duchamp y la música experimental de John Cage. De Duchamp tomaron la idea de que un objeto cotidiano podía convertirse en arte; de Cage, la importancia del azar, el silencio, el sonido ambiental y la escucha.


Una de sus grandes aportaciones fue la llamada event score, o “partitura de evento”: una instrucción breve que podía ser ejecutada por cualquiera. La obra no era necesariamente un cuadro o una escultura, sino una acción sencilla: escuchar, esperar, cortar un papel, abrir una puerta, preparar una ensalada o repetir un gesto. Fluxus defendía que el arte no tenía por qué ser caro, solemne ni reservado a expertos. Podía ser barato, portátil, reproducible, absurdo y profundamente humano.
Su espíritu fue antielitista y antiinstitucional. Criticaba el mercado del arte, la figura del artista-genio y la separación rígida entre creador y público. En Fluxus, el espectador podía convertirse en participante. La vida cotidiana dejaba de ser un espacio ajeno al arte y pasaba a ser su materia principal.
La influencia de Fluxus ha sido enorme. Ayudó a desarrollar la performance, el arte conceptual, el videoarte, el arte sonoro, los libros de artista, el mail art y muchas prácticas participativas contemporáneas. Nam June Paik, por ejemplo, fue decisivo en la transformación de la televisión y la imagen electrónica en materiales artísticos. Yoko Ono llevó la instrucción, el cuerpo y la vulnerabilidad a un lugar central dentro del arte de acción.

También puede verse su huella en la cultura digital actual: memes, remix, vídeos breves, acciones virales, estética DIY y participación colectiva. Aunque internet y las redes sociales pertenecen a otro contexto, muchas de sus dinámicas recuerdan al espíritu Fluxus: copiar, transformar, compartir, jugar y convertir gestos mínimos en acontecimientos culturales.
En definitiva, Fluxus nos dejó una idea liberadora: el arte no está solo en los museos; puede aparecer en cualquier gesto cotidiano si aprendemos a mirarlo de otra manera.
Archivo Sonoro


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